Esta mañana alguien ha hecho que saliera de mi una parte hasta ahora poco conocida. Os cuento.

Volvía de llevar a mi hija pequeña al colegio, así que eran las 8.30h. De camino a casa me he cruzado con unas mamas del cole, hola - buenos días, con un grupo de padres que hacen corralillo en una esquina antes de separarse cada uno para su casa y/o trabajo, y con una señora que acompañaba a un niño de unos 11 años y a la vez era paseada por un perrito. Por cierto si el niño iba al cole, llegaba tarde.

Entonces oigo unos golpes, me giro y veo a la señora con un periódico en la mano, dándole al niño, mientras el perro se agachaba y escondía el rabo entre las piernas. Al tercer golpe, se acabó mi tolerancia, mi paciencia y mi respeto. Así que empiezo a andar hacía ellos. Pero el niño, que ya debe estar acostumbrado a ello, se ha erguido, ha levantado la cabeza y de un manotazo ha devuelto el golpe.

Entonces la que se defendía era ella. Viendo la respuesta del niño, he parado en seco. Porque acto seguido han dejado de zumbarse mutuamente, y han continuado la marcha como si no hubiera pasado nada, de forma tranquila y pausada.

Mi intención era ir a defender al niño y advertir a la señora de que ese comportamiento puede traer malas consecuencias. Pero "algo" me ha dicho que no lo hiciera. Ya conoceis el dicho "dos se peleaban y un tercero recibió".

No me he acobardado. Una vez me enfrenté a una rumana que tenía a un bebe de unos 3 meses, y que lo utilizaba para dar pena y sacar dinero. Pero si que es verdad, que me he acomodado. De hecho la sociedad entera lo ha hecho.

Nos sentamos en el sofá de casa, miramos la tele, escuchamos la radio, leemos el periódico, y acto seguido nos tomamos una cervecita, pensando lo cómodos que estamos y lo único que nos preocupa es que la botella no deje cerco en la mesa. Y cuando nos damos cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor, pensamos que todo eso no va con nosotros, que no nos toca.

Error. Craso error. El mundo entero es cosa nuestra. Claro que no podemos abarcarlo, como tampoco podemos contar las gotas del mar. Pero al fin y al cabo el mar está formado por muchas gotas.

Hace un año en mi ciudad, el señor alcalde y su gente, decidieron hacer una consulta popular para remodelar una avenida. Para ello colgaron en internet los dos proyectos a escoger. Cuando entré para votar y me los miré, pensé: ¿realmente hace falta gastar tanto dinero en un proyecto que la ciudad no necesita? Y esa misma pregunta se la formularon otros muchos ciudadanos que hicieron el mismo proceso que yo.

Había 2 opciones visibles y una 3ª "escondida". Podías votar "opción A", "opción B", "opción C" (que era ni A ni B). Y ¿sabeis que pasó? Pues que ganó la opción C por un 79,84% de los votos emitidos, uno de ellos el mío. Y el proyecto de remodelación se aparcó, porque seguro que alguien lo recupera dentro de un tiempo.

Así pues, la acción de una sola persona no cambiará el mundo en general, pero si cambiará el mundo para algunos. Y esto siempre es un efecto dominó, la teoría de los seis grados, o como mas os guste llamarle.

¿Quien se sube al carro y aporta un granito de arena a la playa del inconformismo?