UN AÑO DESPUES ... GRACIAS
Hoy hace un año de la marcha de mi padre.
En todo este tiempo hemos vivido de todo, pero yo quiero hacer incapié en dar las gracias, especialmente a él.
Mi padre me ha seguido enseñando, a pesar de no estar aquí. He aprendido lo que es ser valiente, lo que es tener valor para afrontar lo que nos da la vida, lo que significa aceptar las cosas aunque en ello nos vaya la vida, lo que es dar AMOR y querer a los tuyos de forma incondicional, ... y yo que trabajo en un servicio hospitalario de oncología, le doy un valor diferente al que le pueden dar mis hermanas o mi madre.
Diariamente me encuentro con personas en una situación similar a la que se encontró mi padre, y es entonces cuando doy GRACIAS en mayúsculas. A pesar de la angustia, la incertidumbre, las dudas, la rabia, la confusión, la sensación de injusticia, ... y las complicaciones que aparecieron y causaron dolor (físico, emocional y psicologico), mi padre nos ayudó a sobrellevarlo, a aceptarlo (de hecho decía si yo lo acepto, tu también) y a vivirlo.
A menudo veo como las personas huyen de la situación por miedo, desconocimiento, angustia. El acúmulo de emociones, de dolor del alma, de incapacidad para gestionarlo todo es tan grande, que lo primero que hacen es huir. Pero eso no cura la enfermedad, ni resuelve el problema. Yo siempre he dicho que lo único bueno de esta enfermedad es que te da tiempo, pero debes aprovecharlo.
Y mi padre también lo hizo. Nos dejó hablar y nos escuchó, no nos quedó nada por decir, porque se fué despidiendo de todos uno a uno, tanto familiares, como amigos. Todas las personas que le importaban tuvieron su momento, y eso os aseguro que es un gran alivio para los que se quedan.
En mi trabajo, intento ayudar a las famillias y a los pacientes, y se sorprenden que entiendo bien sus emociones y sentimientos, y si puedo les aconsejo y la mayoría lo agradecen de forma sincera.
Y hoy, después de un año he decidido volver al sitio donde depositamos sus cenizas. Así pues, allí voy.
